Y Alberto decidió curarse. Lo que pasara antes de este momento no  importa. Lo verdaderamente importante es que un día decidió poner su  sudor y sus lágrimas sobre la mesa, sabiendo que dolería, conociendo  que costaría, pero apostando a que valdría la pena el sacrificio para  dejar atrás su silla y continuar el camino a pie. Un camino que, como casi todos en la vida, es tarea de cada uno recorrerlo entero. Un camino que pese a tener que caminarlo por su propio pie, nos ha permitido recorrer a su lado. Ésta es la mejor experiencia, ver como todavía existen los valientes y que nos dejen estar cerca de ellos para aprender de su mérito. Y suerte es que ésta, forme parte de las experiencias de nuestro día a día en Redes.